No hay forma de huir de tu propia mente...

Estas son mis últimas tres semanas en la India y no pudiera decir cómo me fue en estos meses. Nada sucedió como lo tenía planeado, no hice lo que vine a hacer y aunque hubo momentos lindos, tanto como amargos, que han traído lecciones, siento que me muevo en círculos y no sé dónde empiezo y donde acabo. ¿Cómo trasciendo a mi propia mente?
Parece que en teoría ya lo sé y escucho a mis maestros decir: “¡Meditando!” Sin embargo no encuentro esa motivación para meditar. Me falta el estímulo y un guía. Siento que sola simplemente no me sale, me desespero, me pierdo. Luego me enojo conmigo misma porque sé que tengo esa preciada vida humana, que tengo la única oportunidad para avanzar en el camino. Y la desperdicio. Sí, voy a monasterios, a enseñanzas, hago plegarias, dejo ofrendas, recito mantras, y aún así camino por este viaje como en la lela (quiere decir despistada, o el mejor término está en alemán “planlos”).
Llegué queriendo una cosa muy precisa. Todos estos meses he visualizado llegar a esto y ahora no sé ni para atrás ni para adelante. Claro que hay un camino y voy andando pero no veo nada claro. Siempre está la opción de regresar, pero tampoco me veo de vuelta en mi vieja vida que parece aún peor de la incertidumbre y desubicación que experimento ahora. No quiero regresar a mi viejo trabajo, no quiero regresar a mis viejas actividades (excepto las clases de budismo), y otras distracciones.
Pensé que la soledad no me hacía efecto negativo, pensaba que la soledad me quedaba. Ahora me doy cuenta que la soledad me queda grande.
No quiero estar esperando a alguien, sea para que me guíe en el camino espiritual, sea para viajar, sea para simplemente acompañarme en momentos de soledad. No quiero extrañar a nadie, no quiero anhelar a nadie. Ahora lo único que está a mi lado es la melancolía y nostalgia. Irónicamente la nostalgia, ya que extraño a algo que no quiero extrañar, algo que dejé para desapegarme. Ahora me siento “homeless”. Interiormente sin hogar. Esta sensación me quiere paralizar; quisiera quedarme parada, como animal asustado y esperar a que suceda algo que me hace seguir adelante.
Que ironía este viaje: estando en la búsqueda de la espiritualidad budista y de repente se me olvidaron tantas enseñanzas. ¿Dónde están estos 4 años de clases y enseñanzas con maestros, grandes Lamas y amigos espirituales?
¿En este preciso momento no sé si reírme o llorar? Mientras tanto: ¡A caminar caminante, que el camino se hace al andar!